31 julio, 2006

A L:.G:.D:.G:.A:.D:.U:.

escrito por: Ysrael Molero Borges
lunes, 31 de julio de 2006

Entre la escuadra y el compás
Nuestra columna está orientada a proyectar la orden masónica hacia la comunidad de forma tal que la sociedad profana se entere de las actividades exotéricas de la masonería.

Antes de desarrollar el artículo, es conveniente definir el vocablo templo, cuyas acepciones son:
1-Edificio construido en honor de una divinidad para rendirle culto.

2-Lugar donde se rinde culto a algo espiritual (sabiduría).

Ubicándonos en el último concepto debemos decir a las personas ajenas a la orden, que la Masonería posee el mágico lenguaje milenario de las representaciones, metáforas y alegorías. Puede Parecer inverosímil, pero el modelo elegido para la construcción del templo se remonta al pasaje bíblico referente al Templo del Rey Salomón (Reyes I), personaje a quien su padre David le encomendó erigir la Casa de Dios en Jerusalén.

Cuando una persona ingresa a cualquier templo masónico observará un decente y modesto salón conocido como los pasos perdidos, usados normalmente para recibir al público asistente a las tenidas blancas y además, para que el hermano experto reteja a algún visitador.

Al adentrarse en el recinto, por la puerta de occidente conseguimos dos pilares de orden corintio designados con las letras B y J en cuyos capiteles se hallan granadas entreabiertas y los globos terrestre y celeste. En las bases están las rocas conocidas como piedra bruta y piedra cúbica, respectivamente y cuyo significado sabremos más tarde. A ambos lados se encuentran las hileras de asientos que ocuparán los queridos hermanos según su grado de instrucción.

Entre ambas filas, hacia el centro, tenemos el altar de juramentos o ara, el cual tiene un sublime significado para los miembros de la institución. Las paredes de esta sala están pintadas de color rojo y se elevan columnas representativas del zodíaco. El piso está pavimentado con mosaicos negros y blancos, simbolizando la uniformidad de criterios que debe existir en la hermandad para garantizar la concordia y la armonía.

Más adelante, tenemos un cerco de barandas dividido por una escalera de siete tramos. En este atrio con baldosas rojas y paredes azules con nubes está el trono del venerable maestro (director de la logia) y encima vemos instrumentos masónicos como mallete, escuadra, compás, libros y en relieve un delta con la letra G.

Hacia el techo, bordeando las paredes tenemos la cadena que representa la unión y se divide sobre la puerta de occidente. Es todo, queridos hermanos.



Fuente: http://elnuevodia.com.ve/content/view/4240/2/

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