12 mayo, 2008

Fundan una nueva logia masónica junto al submarino de Isaac Peral

El objetivo del colectivo es fomentar el debate sobre temas de actualidad y trabajar por la laicidad y la participación ciudadana
Por El Faro

La Logia Masónica del Gran Oriente de Francia fundó ayer en la ciudad portuaria una nueva orden, bajo el nombre ‘Respetable Logia Luz de Levante’, en la que se han agrupado diversos masones de la Región de Murcia. El acto de fundación se llevó a cabo ayer en el submarino de Isaac Peral, ya que el colectivo quiso homenajear al marino e inventor español que hizo posible el sumergible.

El objetivo de esta nueva logia, según el secretario del colectivo, Joaquín Fernández, es abrir sus actividades a los ciudadanos, “fomentando el debate sobre temas de actualidad y orientándose hacia la laicidad y la participación ciudadana”, recuperando, poco a poco, el esplendor que tuvo la Orden hasta el primer tercio del siglo XX.

Fernández destacó que “desde la restauración de la democracia, tras la época de Franco, la masonería española ha resurgido con vitalidad y hoy puede decirse que las distintas logias que la representan forman ya una parte natural del entramado civil español, al igual que en el resto de los países occidentales, donde mantienen una consideración social tan elevada como cualquier otra entidad filantrópica y benefactora tradicional”.


Fuente:
http://elfarodecartagena.com/noticia.asp?ref=46504

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2 comments:

Blogger Javier said...

Ante este hecho conviene dejar claras algunas cuestiones. En un libro que se publicará próximamente, titulado "El submarino Peral. La gran conjura", en el que por primera vez se hace pública la trama conspirativa que se urdió para arrebatar a España el submarino ideado por Isaac Peral y que con toda la generosidad del mundo donó a su patria. Que además, era la única posibilidad real para evitar la guerra que se perfilaba ya en el horizonte (Peral lo ofreció al gobierno en 1885) y que acabaría estallando en 1898, con los resultados conocidos por todos. En este libro se dedica un capítulo especial a la espinosa cuestión masónica en relación con le inventor del submarino. Dentro de los planes que concibieron sus enemigos para desprestigiarle y enajenarle el apoyo de la reina María Cristina, el único que tenía el inventor, se orquestó una campaña de difamaciones y calumnias entre las que se incluía su pertenencia a la masonería, así como que era republicano y que formaba parte de una conspiración que trataba de derribar el trono. Nada más lejos de la realidad como demuestra el libro, en el que además, quedan bastante claras las fuentes de estas insidias; es decir, las personas con nombres y apellidos que las propalaron. A pesar de que el propio Peral dejó bien claro en el Manifiesto que dirigió a la opinión pública española que no pertenecía ni nunca formó parte de organización alguna, ni política ni de cualquiera otra naturaleza, la impostura y la falsificación han prevalecido durante décadas, y ello por dos razones. La primera, porque el Gobierno de entonces, ejerciendo una presión brutal sobre la prensa, consiguió neutralizar la difusión del Manifiesto y ningún periódico nacional se atrevió a publicarlo. La segunda, porque después de muerto el inventor, el entonces Gran Maestre (jefe máximo) de la masonería española, Miguel de Morayta, decidió apropiarse de la memoria del inventor, haciéndolo figurar en una lista de masones célebres en un libro que publicó años más tarde, concretamente en 1915 y en el que incluía otras filiaciones falsas de ilustres españoles. Este Morayta era un personaje muy turbio y con “extrañas” conexiones. Era amigo personal del también masón, además de traidor y golpista, Castelar (uno de los más significados enemigos de Peral). A través de la Asociación Hispano-Filipina, fundada en 1890 por él mismo, creó y organizó la guerrilla independentista filipina, muy probablemente en conexión con servicios de espionaje extranjeros.
Sin embargo, algunos de los más conspicuos enemigos del submarino y de su inventor si eran masones y de alto rango: masón era el traficante de armas Basil Zaharoff, conocido universalmente con el sobrenombre del “mercader de la muerte”, que llegó a ser una de los principales cabecillas de la masonería británica; también lo era el ministro de marina, Beránger, precisamente el ministro que adoptó la decisión de abandonar el proyecto de crear la primera arma submarina del mundo; así mismo, lo era el jefe de uno de los partidos del turno, Sagasta, que se alternaba con Canóvas en el ejercicio tiránico del poder, durante lo que Galdós definió acertadamente como los “años bobos”; y el ya mencionado Castelar, junto con algunos otros de menor categoría. La saña con la que le persiguieron en vida evidencia la falsedad de la imputación, pues de todos es conocido que entre los masones, igual que se dice de los bomberos, “no se pisan la manguera”.
Afortunadamente, en estudios recientes de mayor rigor histórico como los que ha efectuado el profesor de Historia Ferrer Benimeli, seguramente el mayor experto español en el mundo universitario sobre la masonería, y los que desde dentro de ésta ha elaborado uno de sus principales responsables, Miguel Ángel de Foruria, ya no aparece Peral dentro de la lista de masones célebres del siglo XIX, como no podía ser de otra manera.
Por ultimo, cabe exigir que supuesto que la masonería afirma ser organización consagrada a los principios filantrópicos, respeten escrupulosamente la memoria de los muertos; ya que ningún masón ha tenido la valentía de pedir perdón y explicar la incalificable conducta de algunos de sus más eminentes caudillos del pasado en relación con el desventurado inventor del submarino.

04 julio, 2008 09:50  
Blogger Javier said...

Ante este hecho conviene dejar claras algunas cuestiones. En un libro que se publicará próximamente, titulado "El submarino Peral. La gran conjura", en el que por primera vez se hace pública la trama conspirativa que se urdió para arrebatar a España el submarino ideado por Isaac Peral y que con toda la generosidad del mundo donó a su patria. Que además, era la única posibilidad real para evitar la guerra que se perfilaba ya en el horizonte (Peral lo ofreció al gobierno en 1885) y que acabaría estallando en 1898, con los resultados conocidos por todos. En este libro se dedica un capítulo especial a la espinosa cuestión masónica en relación con le inventor del submarino. Dentro de los planes que concibieron sus enemigos para desprestigiarle y enajenarle el apoyo de la reina María Cristina, el único que tenía el inventor, se orquestó una campaña de difamaciones y calumnias entre las que se incluía su pertenencia a la masonería, así como que era republicano y que formaba parte de una conspiración que trataba de derribar el trono. Nada más lejos de la realidad como demuestra el libro, en el que además, quedan bastante claras las fuentes de estas insidias; es decir, las personas con nombres y apellidos que las propalaron. A pesar de que el propio Peral dejó bien claro en el Manifiesto que dirigió a la opinión pública española que no pertenecía ni nunca formó parte de organización alguna, ni política ni de cualquiera otra naturaleza, la impostura y la falsificación han prevalecido durante décadas, y ello por dos razones. La primera, porque el Gobierno de entonces, ejerciendo una presión brutal sobre la prensa, consiguió neutralizar la difusión del Manifiesto y ningún periódico nacional se atrevió a publicarlo. La segunda, porque después de muerto el inventor, el entonces Gran Maestre (jefe máximo) de la masonería española, Miguel de Morayta, decidió apropiarse de la memoria del inventor, haciéndolo figurar en una lista de masones célebres en un libro que publicó años más tarde, concretamente en 1915 y en el que incluía otras filiaciones falsas de ilustres españoles. Este Morayta era un personaje muy turbio y con “extrañas” conexiones. Era amigo personal del también masón, además de traidor y golpista, Castelar (uno de los más significados enemigos de Peral). A través de la Asociación Hispano-Filipina, fundada en 1890 por él mismo, creó y organizó la guerrilla independentista filipina, muy probablemente en conexión con servicios de espionaje extranjeros.
Sin embargo, algunos de los más conspicuos enemigos del submarino y de su inventor si eran masones y de alto rango: masón era el traficante de armas Basil Zaharoff, conocido universalmente con el sobrenombre del “mercader de la muerte”, que llegó a ser una de los principales cabecillas de la masonería británica; también lo era el ministro de marina, Beránger, precisamente el ministro que adoptó la decisión de abandonar el proyecto de crear la primera arma submarina del mundo; así mismo, lo era el jefe de uno de los partidos del turno, Sagasta, que se alternaba con Canóvas en el ejercicio tiránico del poder, durante lo que Galdós definió acertadamente como los “años bobos”; y el ya mencionado Castelar, junto con algunos otros de menor categoría. La saña con la que le persiguieron en vida evidencia la falsedad de la imputación, pues de todos es conocido que entre los masones, igual que se dice de los bomberos, “no se pisan la manguera”.
Afortunadamente, en estudios recientes de mayor rigor histórico como los que ha efectuado el profesor de Historia Ferrer Benimeli, seguramente el mayor experto español en el mundo universitario sobre la masonería, y los que desde dentro de ésta ha elaborado uno de sus principales responsables, Miguel Ángel de Foruria, ya no aparece Peral dentro de la lista de masones célebres del siglo XIX, como no podía ser de otra manera.
Por ultimo, cabe exigir que supuesto que la masonería afirma ser organización consagrada a los principios filantrópicos, respeten escrupulosamente la memoria de los muertos; ya que ningún masón ha tenido la valentía de pedir perdón y explicar la incalificable conducta de algunos de sus más eminentes caudillos del pasado en relación con el desventurado inventor del submarino.

04 julio, 2008 20:44  

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