16 diciembre, 2005

Rosario Acuña

Neira presenta a Rosario Acuña «como defensora de los derechos de la mujer»

«Dignificó la condición femenina de la época y animó a la mujer al estudio», apuntó Francisco Prendes Quirós

Sandra G. SALAZAR

«Un espíritu libre, ejemplo de virtud cívica que defendió la dignidad de la mujer, la escuela y al trabajador». El abogado y columnista Francisco Prendes y el escritor Javier Vallín elogiaron la figura de Rosario Acuña durante la presentación ayer del libro de Aquilino González Neira sobre la intelectual afincada en Gijón a principios del siglo XX, en un acto organizado por el Club LA NUEVA ESPAÑA de Gijón.

Vallín, para quien «presentar un libro es una fiesta para la palabra y la libertad», comentó que el trabajo de investigación realizado por Neira en su ensayo «Rosario Acuña: masonería y anticlericalismo burgués», supone «recuperar un pedazo de la historia de Gijón».

Analista más que biográfica, la obra de Neira «recoge la grandeza del personaje, a diferencia de anteriores publicaciones que hasta la fecha eran más sectoriales», según palabras del propio autor. A través de sus 400 páginas, la obra repasa la vida y obra de la intelectual, de quien Neira destacó algunos pasajes «desde el librepensamiento y la masonería, su elección de Gijón por el deseo de vivir junto al mar, pasando por su participación en la Escuela Neutra de Gijón, que pretendía formar ciudadanos libres». A su vez repasó algunos hechos históricos que marcaron su vida, «como la huelga general de agosto de 1917 y las elecciones generales celebradas dos años después, o su exilio en Portugal».

El abogado Francisco Prendes, colaborador de LA NUEVA ESPAÑA, destacó el papel que desempeñó Acuña en la vida pública «al revalorizar y dignificar la condición femenina de la época, fomentando la educación y el estudio», lo que trasladó al momento actual, pues «la mujer de 2005 ha cumplido todas las expectativas que Acuña pudo soñar, cuando entonces se la privaba de todo derecho y participación». De naturaleza utópica y apegada a los ideales románticos, «Acuña nos habla en sus escritos de la felicidad, la igualdad y la libertad; entregada a los grandes ideales de la humanidad», comentó Prendes, a lo que Neira añadió que «los pájaros son un elemento recurrente en sus textos, que relacionaba con lo infinito, a lo que apelaba de forma constante en sus poemas, como muestra de su carácter idealista».

De su faceta anticlerical y crítica contra el régimen establecido, Prendes recordó «cómo el liberalismo, el socialismo y la masonería de la época se enfrentaron al poder eclesiástico», lo que comparó «al problema de la sociedad española de hoy, frente a una jerarquía eclesiástica no dispuesta a ceder los privilegios que viene disfrutando desde la Reconquista». También salieron a la luz nombres del panorama político de la sociedad gijonesa de principios de siglo XX, como el reformista Melquíades Álvarez o Teodomiro Menéndez, «que sale diputado con el apoyo de la masonería local y para quien Acuña escribe un artículo en defensa de su política», recordó Neira.



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