07 mayo, 2006

Cuando el presidente Washington servía a su jardinero

A. Ruiz, Dénia

Otra de las leyendas que circula sobre la masonería es el del carácter secreto de sus miembros, pero también se ha exagerado. No hay problema en declararse masón y algunos cargos como los de los grandes maestros necesitan mantener una relación pública con la sociedad. Eso sí, no se puede es decir que un hermano es masón sin el consentimiento de éste. A lo largo de la historia hay una relación casi inacabable de personajes que se declararon masones: John Wayne, Bill Clinton, Winston Churchill, Simon Bolívar, George Washington, Santiago Ramón y Cajal, Blasco Ibáñez, Joaquín Sorolla, Amadeus Mozart o Neil Amstrong lo fueron. Gentes de muy diversa condición social e ideológica, lo que ilustra con claridad la heterogeneidad en las logias. El mundo masónico es piramidal, con grandes maestros que dirigen sus destinos y con unos grados muy determinados de perfeccionamiento, que pasan por el aprendiz, el compañero y el maestro, pero también es un mundo democrático y si un gran maestro es elegido es porque cuenta con la confianza de sus hermanos y se le puede derrocar en caso de que la pierda. Además, las jerarquías que rinden el mundo social no cuentan dentro del templo. Así, el presidente Washington fue iniciado en la masonería por su propio jardinero. Por la mañana, en la actividad cotidiana, el jardinero se dirigía a Washington con el consabido, «buenos días presidente». En cambio, en una tenida -reunión de masones- era Washington quien le decía «buenas tardes, venerable maestro» a su jardinero.

Fuente:
http://www.levante-emv.com/secciones/noticia.jsp?pIdNoticia=195687&pIdSeccion=17&pNumEjemplar=3145

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