11 abril, 2007

Cuando Franco espió a la masonería

Según un libro, la propia mujer de un miembro de la logia pudo ser quien informó al general de todos sus movimientos fuera de España

Víctor Fernández

Barcelona- Desde 1968 y hasta la muerte de Franco, Agustín Méndez, funcionario del Instituto Social de la Marina, fue copiando de forma anónima, una serie de documentos vinculados con los servicios secretos del régimen. Esos papeles, hoy depositados en diez carpetas que se guardan en la Biblioteca Arús de Barcelona, revelan qué información tenía el dictador sobre los masones. Esa es la base documental del libro escrito por Xavier Casinos y Josep Brunet, «Franco contra los masones», editado por Martínez Roca, y que fue presentado ayer en Barcelona.
Como explicaron los autores, este millar de papeles fueron enviados al almirante Jesús Fontán, jefe militar de la casa militar de Franco durante la Segunda Guerra Mundial, por una espía de la que solamente se conocen sus iniciales A. de S. De ella se sabe que había nacido en Cuba, estaba embelesada con el Caudillo, profesaba un profundo odio hacia la Falange y, lo más importante, estaba casada con un miembro de la Asociación Masónica Internacional (AMI), una de las instituciones que con más ahínco trabajó para convencer a los aliados para derrocar a Franco.
A falta de los originales, probablemente destruidos por Fontán, lo que ha llegado hasta hoy es una documentación de primera mano para saber qué conocía Franco. Buena prueba de ello es, por ejemplo, una carta del primer ministro británico Winston Churchill, también masón, dirigida a John Mossaz, el gran canciller de la AMI. En esa misiva Churchill se muestra totalmente favorable a mantener a Franco como garantía para frenar la expansión de la Unión Soviética por Europa. Igualmente impactante son las referencias al primer presidente de Israel, Weitzman, quien insólitamente habla de la deuda de su país con la España franquista por su defensa de los judíos.
Los dos autores también señalaron que el Generalísimo estuvo siempre totalmente obsesionado por la masonería, como lo demuestran los 40.000 expendientes abiertos, pese a que en la España de 1936 solamente había 8.000 miembros de estas sociedades. Lo más chocante es que entre ellos había algunos de los militares sublevados contra la República como el general Queipo de Llano .
Odio por rechazo
Pero, ¿este odio venía alimentado por un rechazo a Franco al intentar entrar en la masonería? Casinos y Brunet señalaron que por ahora no han aparecido las pruebas documentales que sostengan esa teoría. Por el testimonio de un militar, el teniente coronel Joaquín Morlanes, se apunta que Franco habría pedido en el Marruecos español y en el Madrid republicano su ingreso. Morlanes ha llegado a dar los nombres de los militares masones que presuntamente votaron en contra, estando entre ellos, Fermín Galán, Miguel Cabanellas o el propio hermano del futuro dictador, Ramón Franco.
El libro también aporta documentación sobre el apoyo de los masones a Don Juan de Borbón. En un informe del 19 de julio de 1943, A. de S. le advierte a Franco sobre el aspirante a la Corona y la influencia que ejerce el AMI sobre él. Por eso señala que «no os fiéis, porque es tonto y abúlico el pobre, y para más desgracia, ahora lo tienen sujeto a su capricho por medio de una suiza, como con otra suiza han dominado al infante Don Jaime, que aunque sordomudo tiene más talento y carácter». Franco tomó buena nota de todo ello.



Fuente:
http://www.larazon.es/noticias/noti_cul224.htm

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