01 septiembre, 2006

El arquitecto de sus horas

Por Delia Rivera / El Nuevo Día
Como un Leonardo da Vinci del siglo XXI, Miguel A. Soto Cuevas diseña edificios, dibuja, escribe y toca instrumentos musicales. Por lo tanto, no es de extrañar que, a los 88 años, el tiempo le resulte insuficiente

Acaba de cumplir 88 años, pero el tiempo no le da. Ese tiempo que le ha permitido vivir intensamente y que es lo que más valora, hoy parece que le regatea las horas a este hombre que no piensa en el retiro.

Entre planos, libros, pinturas, papeles, reconocimientos, una computadora prendida y un radio sintonizado en algún análisis noticioso, pasa los días don Miguel A. Soto Cuevas, en una habitación que ya le queda pequeña.

Junto a su esposa vive en la última casa que diseñó para ambos en su natal Lares. Allí trabaja, lo mismo en diseño, que en pintura, dibujo o poesía y cuando se sienta a hablar lo hace con un entusiasmo contagioso y acentúa, con sus manos, su expresión. Recuerda detalles con una claridad envidiable y siempre procura terminar el pensamiento, pese a las digresiones que se imponen.

Arquitecto de profesión, este hombre menudo, que odia el mantengo gubernamental, que asegura que nunca ha tomado un préstamo y ama el trabajo, parece un ejemplar raro o ideal. Sus héroes, que son su padre y su madre, fueron los artífices de su alegría y de su empeño por obrar bien.

El empuje, que él describe como voluntad, es lo que anima su vida, que tiene como eje el deseo de servir. Ese es, por lo menos, el reto profesional y personal, de este boricua que se ha casado dos veces y tuvo dos hijos.

Todavía trabaja cada diseño como el primero, pero la lucha con el tiempo la libra en el campo de la imaginación, que vuela sin reservas por el mundo de la poesía, la pintura y el dibujo, talentos que junto a la música, cultiva a fuerza de puro amor.

Amor que de casualidad lo llevó a la arquitectura, allá por el 1936, después de fracasar en su primer intento de ser ingeniero, no por gusto suyo, sino por complacer a su padre, don Vicente, que era comerciante. “Yo quería estudiar arte”, subraya, como si estuviera defendiendo su convicción ante el hombre que fue su orgullo y su escollo en es ese afán.

La bohemia lo guió desde la adolescencia, pero para su padre los músicos eran unos borrachos y del arte nadie vivía. Ese desacuerdo era permanente e irreconciliable. El arte germinaba imponente en su alma y en la escuela siempre tuvo problemas porque no atendía a las clases, dibujando. Sin embargo, las obras de teatro escolares y los grupos musicales provocaban las mayores satisfacciones.

Fue de oído que muy temprano en su vida aprendió a tocar guitarra, cuatro, mandolina, flauta y el teclado.

A pintar llegó más tarde. Cuando iba a los museos se las arreglaba para tocar y sentir la pintura; se llevaba la textura en los dedos y en la casa ensayaba. Ya en el camino desarrolló el gusto por pintar bodegones y escenas campestres; estampas campesinas que recoge también en sus poesías que destacan la libertad, la patria, la bandera y los amigos. Pero la poesía la descubrió cuando ya contaba los 60. Antes corrió tras sus ilusiones.

El fracaso académico con la ingeniería en Mayagüez vino por culpa del alma. La bohemia reclamó su espacio y él se rindió otra vez. A la insistencia paterna respondió: “Papá, si yo voy a estudiar una cosa que no me guste no voy a tener éxito, quiero estudiar arte”. “Y engañé a papá” añade con la picardía de un chiquillo.

Sucede que don Vicente, desesperado, a instancias de un amigo, consideró enviarlo a un colegio militar en Texas.

Y cuando el joven Miguel examinó los ofrecimientos universitarios y en el currículo de arquitectura vio el curso de dibujo, el cielo se abrió. Entonces el muchacho que de adolescente acompañó a don Pedro Albizu Campos en su peregrinar por la cuesta del Anón en su primer visita a Lares, se encaminaba a vestirse de militar en pos de su sueño. Y es que ese afán libertario que nació con él dominaba su espíritu y aguijoneba su alegría.

Cinco años después, graduado de arquitectura, su padre respiraba complacido y él encaraba la vida con determinación y entusiasmo.

En el Colegio militar A &M de Texas, le dio rienda suelta a sus intereses, al tiempo que se acoplaba al nuevo ambiente. “Lo primero que aprendí fue a maldecir en inglés, cosa que nunca había hecho en español”, saborea. El idioma, que no dominaba con fluidez, no fue un impedimento para este joven seguro de sí mismo. Tenía facilidad para hacer amigos y el arte fue un vínculo natural. En el Colegio formó parte del coro y también participó en boxeo, en lucha grecorromana, en un club de estudiantes extranjeros y en otro de boricuas.

Y por fin se enamoró de los estudios. La arquitectura permitía la libertad creativa que anhelaba su espíritu y la forma de contribuir con su trabajo por el mejoramiento del ambiente, de la gente, dice al recordar que tomaba 20 créditos por semestre, de 8 a 5.

Así hizo su maestría en arquitectura y un bachillerato en educación industrial. Y aunque le ofrecieron un trabajo en una empresa de diseño de aviones en Houston, en mayo de 1941 regresó a la Isla y empezó a trabajar como maestro de artes industriales en una escuela superior de Aguadilla, a los 21 años.

Luego trabajó en una firma de arquitectos y más tarde formó parte del Departamento de la Vivienda, que entonces se llamaba la Administración de Hogares. Allí se pulió en otras áreas como la planificación; más tarde estableció su propia oficina en Hato Rey

En calidad de artista sólo lamenta no haberse desarrollado como escultor y como arquitecto y una de sus mayores satisfacciones es haber trabajado en el diseño y construcción del Estadio Hiram Bithorn. El rediseño de la Plaza de la Revolución de Lares en la década del 1990, que estuvo matizado por mil controversias, fue un gran reto.

Pero lo más que disfruta es el diseño de viviendas porque siente que es una forma de contribuir al bienestar colectivo. “Cuando alguien viene para que le diseñe una casa, yo le explico lo que es arquitectura, a diferencia de la ingeniería, y me meto en el proyecto. Vivo lo que hago”, apunta el hombre, que colecciona campanas, pero de las que suenan. Y es que su personalidad es un poco musical, tiene gran sentido del humor y su rostro, que siempre pinta una ternura infinita, sólo se ensombrece cuando recuerda a su hijo, quien murió de cáncer a los 42 años.

Ver cómo se tronchó la vida de un hombre que pudo haber trabajado mucho y logrado sus metas, lo entristece, sobre todo cuando recuerda cómo los jóvenes de hoy pierden el tiempo en cosas que no le ayudan a crecer intelectualmente. Pero de eso culpa a los padres, a los que viven del mantengo y no trabajan. Y es que el valor del trabajo lo vivió desde niño.

Recuerda que su padre empezó vendiendo quincalla en una mula por todo el país. De ahí, el poeta no sólo sacó tema para su obra, -ha publicado tres libros de poesía y trabaja en el cuarto- también obtuvo el respeto por el trabajo. “Yo no podía ir al cine en las tardes si no trabajaba por la mañana”. Y esa combinación de trabajo y placer lo guía hasta estos días.

Y como sólo “le tiemblan un poco las manos por la edad”, parece que no se ha dado cuenta que ya tiene 88. Y tempranito, cada día, a las siete de la mañana se levanta, hace un poco de ejercicio e inicia su rutina hasta las 12 de la medianoche.

Y, con la masonería como su fundamento, este artista que está convencido que se cosecha lo que siembran los actos, vive complacido. Y asegura que “si la Humanidad aplicara la ley masónica viviría en paz, tolerancia y justicia”.



Fuente: http://www.endi.com/XStatic/endi/template/nota.aspx?n=63540

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2 comments:

Blogger Miguel Troncoso el Lobo Muerto said...

Excelente página, siempre me ha fascinado el tema de la masonería.

Soy un ex-dirigente scout que he explorado espiritualmente "El Libro de las Tierras Vírgenes", libro escrito por el masón británico Rudyard Kilpling... resultado de ello es que he publicado un blog en donde he expuesto cuentos y poemas inspirado en estós tópicos.

Espero visiten mi blog: http://lobomuerto.blogspot.com

Buena Caza

08 septiembre, 2006 18:30  
Blogger HATTIN said...

Apreciado amigo
Tu página me parece muy interesante. Te invito a visitar la mía, que aunque más sencilla, espero sea de tu interés.
Un TAT
http://templehattin.blogspot.com

13 septiembre, 2006 09:47  

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