26 septiembre, 2006

La asignatura pendiente: la memoria histórica


VÍCTOR GUERRA

Hemos llegado de nuevo al mes de septiembre con un suspenso monumental, que venimos arrastrando desde hace tiempo, pues desde que se achantó por aquello de posibilitar la Transición y se cedió al chantaje social y político de los viejos paquidermos del franquismo, la difícil asignatura de la Memoria Histórica es un retorno a ningún sitio.

Curso tras curso, los empeños, los deseos y hasta las ilusiones de muchos progresistas en poner de una vez por todas en el tapete la necesidad de una ley de punto final con nuestro más reciente pasado es una utopía. Una quimera naciente que es devorada a dentellada limpia por los poderes fácticos y políticos de este país que a modo de hiedra remueven sus tentáculos de viejas rémoras del pasado, enarbolando fantasmas, o el miedo a una nueva mediática guerra civil, y cómo no, el temor a perder electorado por los efectos conspiracionistas de faz virtual.
Y así año tras año volvemos a enfrentarnos a la difícil tarea de desarrollar una ley como la que propone el señor Zapatero: «Ley por la que se reconocen y amplían los derechos y se establecen medidas a favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la guerra civil», es como digo, un deseo cada vez más devaluado en contenido y en continente. No hay nada más que echarle un vistazo al texto de la ley para ver cómo se pierde velocidad y profundidad, llegando hasta tal punto que desde algunas esferas intelectuales hay quien interpreta estas cuestiones como una cosa de enredo, y hasta se cabrean, y mucho, cuando desde distintos sectores se pide que sea reconocida, por ejemplo, la contribución de la masonería al progreso del pensamiento social.

Una organización, la masónica, que apenas si ha dejado oír su voz por su reconocimiento, o por ser meritoria de una justa recompensa, cuestiones ambas que cada vez se hacen más injustas, por cuanto que la masonería y los masones españoles han sufrido pérdidas importantes en lo económico y en lo humano, siendo perseguidos lustro tras lustro, y no es cosa sólo del franquismo, sino que la cosa viene de lejos, pues arranca de esa vena inquisitorial tan castiza que nos gastamos en esta bendita tierra llamada España.

Es la masonería, la última organización que se mantiene perdida en el limbo del olvido histórico, y de cuyo reconocimiento nadie se quiere hacer adalid, salvo algunas individualidades masónicas, algunas logias, y la gente de Ezquerra Republicana, que piden una reparación moral para dicha organización. Los demás hacen oídos sordos, la derecha moderna que revindica a personalidades como Melquíades Álvarez, o la izquierda marxista que tiene a gala a un Loredo Aparicio, o los socialistas que tienen en sus laicos altares a muy variados personajes masones, todos ellos de derechas o izquierdas enterrados bajo la escuadra y el compás, y a todos ellos se les despoja de embarazosas membresías, que se obvian, se olvidan o se esconden.

Por eso es difícil lograr que prospere una ley reparadora y deudora con la Memoria Histórica, y más cuando está cundiendo en la base social deshacerse de toda la iconografía que nos puede ayudar a entender la historia, basándose en esa pretendida ley se quiere erradicar todo símbolo del pasado que anda expuesto en calles y edificios de nuestros pueblos.

Se desea desenterrar a todo «pasado» llevándolo al dignificado camposanto para su honra y olvido, pues está claro que no se quiere que halla restos icnográficos, al modo francés, por las orillas de las carreteras en recuerdo a la barbarie fratricida.

Y esa pérdida de memoria llega a lo más cotidiano, por ejemplo se escribe estos día un elocuente trabajo sobre PuraTomás y se deja fuera la intervención de la compañera Bloise, que desde la distancia, su intervención en el cementerio de San Salvador de Oviedo, pues darnos más claves de cómo fue ese trasunto de su paso al Oriente Eterno.

Creo que todo esto es normal que así suceda, pues nuestra concepción de la memoria histórica es tan sui géneris, que cualquier lector la puede comprobar, por poner otro ejemplo en la edición del domingo del 10 de septiembre de La Nueva España, se hacía una pequeña conmemoración de Juan Ambou que apenas sí ha despertado más interés que unas líneas y, sin embargo, los méritos de la oviedista Pixarra ocupan casi dos hojas, y hasta ha llegado a las necrológicas del diario «El País», una reseña de la señora que pasará a la historia por ser seguidora del Real Oviedo.

Así se leerá la historia o al menos así la recojo en mi colección particular de necrológicas y cuestiones funerarias, donde acentúo la cuestión del tratamiento conmemorativo de Ambou y la Pixarra, a modo de cómo se entiende la memoria histórica o cómo nos la quieren vender.

Luego nos quejamos de que las nuevas generaciones no saben nada sobre nuestra historia más reciente. A tenor de lo que se lee, no me extraña nada que sigamos enredados en eso de la memoria histórica.

Fuente: http://www.lne.es/secciones/noticia.jsp?pNumEjemplar=1409&pIdSeccion=35&pIdNoticia=446193

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4 comments:

Anonymous Anónimo said...

Querido amigo e que la propaganda que hay desde la iglesia contra la masonería lleva a muchos a tomar ese carácter contra ella, pero solo se puede comentar que siempre la iglesia católica fue y es aliada de las causas mas mezquinas de la tierra, eso si es memoria historia, ellos en nombre de dios mataron muchos seres humanos en nombre de una supuesta civilización. En África, América etc, solo leer la historia universal y preguntar donde están la mayoría de los originarios de las Américas

29 septiembre, 2006 19:38  
Anonymous Anónimo said...

Alberto Piçarra, hombre cabal

06 octubre, 2006 13:57  
Anonymous Anónimo said...

Una pregunta que siempre me viene a la mente es que si lo masones son de alta moral, porque siempre se los vincula con el satanismo?. Sus practicas no parecen malas, pero sin embargo son logias secretas. Creo que si hicieran cosas buenas por la sociedad y para dios no tendrias porque esconderse.

Saludos

14 octubre, 2006 23:59  
Anonymous Lazarillo said...

Un centro estatal, el Archivo de la Guerra Civil de Salamanca, mantiene expuesta una logia masónica tal como la diseñó Franco como parodia de la masonería. ¿No tiene algo que decir la masonería al respecto?

26 octubre, 2007 13:11  

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